‘El corazón de la bestia’: a veces, menos sí es más
Hay películas que necesitan grandes elencos, historias complicadísimas y cientos de elementos para intentar mantenerte pegado a la pantalla. El corazón de la bestia hace prácticamente lo contrario: pone a Brad Pitt, un perro y la inmensidad de la naturaleza frente a nosotros. Y resulta que eso es más que suficiente
Dirigida por David Ayer, la película sigue a James Belmont (Brad Pitt), un exmiembro de las Fuerzas Especiales que, tras un accidente aéreo, queda varado en la naturaleza junto a Odin, su perro de combate. A partir de ahí comienza una lucha por sobrevivir y encontrar el camino de regreso, mientras ambos cargan también con las heridas de un pasado que todavía los acompaña.
La premisa podría parecer sencilla, y justamente ahí está una de sus mayores virtudes. El corazón de la bestia entiende perfectamente aquello de que menos es más. No necesita llenar cada escena de personajes ni explicar constantemente lo que sus protagonistas sienten. Durante buena parte de la historia estamos simplemente con James y Odin, y la relación entre ambos consigue sostener emocionalmente la película.
Y sí: el perro es una absoluta maravilla.
Odin no está ahí solamente para provocar ternura ni como accesorio del protagonista. Es parte esencial de la historia y del vínculo emocional que construye la película. Hay cariño, dependencia, protección y una lealtad que funciona en ambos sentidos. Poco a poco deja de sentirse como la historia de un hombre intentando sobrevivir con su perro y comienza a sentirse como la historia de dos compañeros intentando regresar juntos.
Pero que sea sencilla no significa que sea tranquila. Todo lo contrario. Desde muy temprano logra ponerte los pelos de punta y mantener una sensación constante de peligro. Hubo momentos en los que literalmente estaba viendo la pantalla entre los dedos porque la película consigue que cualquier ruido, movimiento o rincón del paisaje pueda convertirse en una amenaza. Y cuando ya te encariñaste con Odin, obviamente el nivel de ansiedad se multiplica por mil.
También está su fotografía, probablemente una de las cosas que más disfruté. La naturaleza no funciona simplemente como fondo: por momentos parece otro personaje.Hay montañas, bosques y paisajes tan enormes que parecen precisamente eso que solemos describir como “de película”. Lugares que te hacen sentir diminuto y pensar: ¿de verdad existe algo así? Esa belleza también juega con la historia porque, mientras tú estás admirando lo que tienes enfrente, sabes que para los personajes ese mismo lugar puede ser mortal. La naturaleza puede ser preciosa y aterradora al mismo tiempo.
Y debajo de toda esa aventura hay algo mucho más humano. La película habla del trauma, de continuar cuando parece que ya no queda mucho de dónde agarrarse y, sobre todo, de la compañía. James y Odin no solamente sobreviven juntos: de cierta forma, se necesitan para hacerlo.
Porque detrás de la acción y la supervivencia hay una historia bastante simple sobre querer a alguien sí, aunque ese alguien tenga cuatro patas lo suficiente como para seguir adelante por él.
El corazón de la bestia no intenta reinventar el cine ni necesita hacerlo. Tiene a Brad Pitt, un perro, paisajes impresionantes y una historia sobre supervivencia y lealtad contada sin demasiados adornos. A veces, entre menos tienes, más espacio dejas para sentir.
La película ya se encuentra en cines, así que si quieren vivir esta historia , y sufrir un poquito en el proceso ya pueden encontrarla en cartelera.
Gracias a Paramount Pictures México por la invitación