Sensatez y sentimiento: Jane Austen vuelve a conquistar a las románticas

Si hay algo que nunca nos vamos a cansar de ver son las historias de amor de época. Los vestidos, los bailes, las miradas que duran más de lo necesario y esos romances que nos tienen esperando a que dos personajes por fin se den cuenta de que están enamorados. Sensatez y sentimiento, la nueva adaptación de Jane Austen dirigida por Georgia Oakley, tiene un poquito de todo eso.

La historia nos lleva a la Inglaterra de finales del siglo XVIII, donde conocemos a las hermanas Dashwood. Después de la muerte de su padre, Elinor, Marianne, su hermana menor Margaret y su madre tienen que dejar su casa familiar, Norland Park, ya que la propiedad pasa a manos de su medio hermano. Su nueva vida comienza en Barton Cottage, una casa mucho más modesta en Devonshire, donde tendrán que acostumbrarse a vivir con menos comodidades y a lidiar con una sociedad en la que el dinero y el matrimonio podían cambiar por completo el futuro de una mujer.

Interpretadas por Daisy Edgar-Jones y Esmé Creed-Miles, Elinor y Marianne tienen formas muy distintas de ver la vida. Elinor es la hermana que piensa las cosas antes de actuar, intenta mantener la calma y prefiere guardarse lo que siente. Marianne es todo lo contrario: se enamora intensamente, dice lo que piensa y no está dispuesta a esconder sus emociones. Y, claro, cuando hablamos de Jane Austen, sabemos que el amor no va a ser precisamente sencillo.

En sus vidas aparecen Edward Ferrars (George MacKay), quien desarrolla una conexión especial con Elinor, y John Willoughby (Frank Dillane), que rápidamente conquista el corazón de Marianne. También está el coronel Brandon (Herbert Nordrum), un hombre mucho más reservado que siente algo por Marianne, aunque al principio ella no parece interesada en él.

Entre sentimientos no correspondidos, secretos y expectativas, cada hermana tendrá que descubrir qué quiere realmente del amor.

Aunque los romances son una parte importante de la historia, lo que también vale la pena destacar es la relación entre Elinor y Marianne. Son hermanas, pero no siempre se entienden; tienen discusiones, opiniones distintas y maneras muy diferentes de afrontar las decepciones. Aun así, están ahí la una para la otra. Y creo que justo ahí está una de las ideas más bonitas de la película: no siempre tenemos que pensar o sentir igual para acompañarnos y aprender de los demás.

Y bueno, seamos honestas, las girls amamos estas historias. Nos gustan los romances que nos hacen suspirar, los personajes que nos desesperan un poquito y esa ilusión de que, después de tantos obstáculos, las cosas pueden salir bien. Pero también nos gusta que nos recuerden que el amor no se trata solamente de encontrar a alguien, sino de conocernos, equivocarnos y entender qué merecemos. Al final, ¿quién no quiere terminar una película así con ganas de volver a creer que todo es posible?