Tron: Ares: una secuela visualmente deslumbrante
Después de más de una década de espera desde Tron: Legacy (2010), Disneyregresa al universo digital con Tron: Ares (2025), la tercera entrega de esta icónica franquicia de ciencia ficción que nació en 1982. Dirigida por Joachim Rønning y protagonizada por Jared Leto, la película busca revivir el legado de uno de los mundos visuales más influyentes del cine moderno.
Aunque el filme brilla con un apartado técnico sobresaliente, su mayor desafío y también su mayor debilidad radica en contar una historia que esté a la altura de su ambición estética. La historia de Tron: Ares retoma algunos elementos dejados en suspenso en
Legacy. Esta vez, el centro de atención no es Kevin Flynn ni Sam, sino Ares, un programa avanzado diseñado para interactuar con el mundo físico de los humanos. Cuando una serie de eventos tecnológicos amenaza con borrar la delgada línea que separa lo digital de lo real, Ares es “extraído” al mundo físico con el fin de cumplir una misión que podría cambiar para siempre el destino de la humanidad y de las inteligencias artificiales creadas por ella.
Lo que inicia como una misión controlada pronto se convierte en un conflicto ético y existencial, en el que las preguntas sobre la autonomía de las IA, la responsabilidad de los creadores y la identidad propia se vuelven centrales. Si algo no se le puede reprochar a Tron: Ares es su excelencia visual. Desde los primeros minutos, el espectador es sumergido en un entorno digital intensamente detallado: circuitos luminosos, estructuras geométricas imposibles y un contraste entre oscuridad y neón que remite directamente al ADN estético de la saga.

Joachim Rønning demuestra gran dominio de la puesta en escena: las secuencias de persecución en motocicletas de luz, las batallas con discos de energía y las transiciones entre mundos son hipnóticas. Los efectos visuales no son solo ornamentales: ayudan a construir una atmósfera inmersiva que vista en IMAX o salas premium adquiere un poder casi sensorial.
El diseño de producción y el trabajo de efectos digitales son probablemente los más pulidos de toda la trilogía. Mientras que Tron: Legacy asombró en su momento, Ares perfecciona la fórmula con tecnología de vanguardia. Tron: Ares es, sin duda, una experiencia cinematográfica poderosa en términos visuales y sonoros. Su ambientación es impecable, su producción es monumental y su estética reafirma el legado visual que Tron dejó en la cultura pop.
Sin embargo, bajo ese envoltorio brillante hay una historia que, aunque con buenas intenciones, no termina de aprovechar su potencial. Las ideas están, las semillas están plantadas… pero falta profundidad, riesgo narrativo y emoción genuina.
Para los fans de la saga, es un regreso digno al Grid. Para los espectadores más exigentes en cuanto a historia, es un recordatorio de que el brillo no siempre reemplaza a la sustancia.